“Ya basta de engañarme.” Una historia que te resonará.

Te voy a contar un secreto

Solo con una única condición: cuando verifiques que funciona, compártelo con los tuyos. Tengo el antídoto para dejar de engañarme.

Así que también hay remedio para tu propio engaño. El antídoto lo explicó un señor llamado Stephen Covey. 

“La autoconciencia es la aptitud para pensar en los propios procesos de pensamiento.”

STEPHEN COVEY

Toma ya. Toma filosofada.

Autoconciencia es responsabilidad de uno mismo

Los seres humanos tenemos esta capacidad innata, la consciencia de uno mismo, que nos diferencia de todos los otros seres vivientes de este planeta.

Tenemos la capacidad de cuestionar nuestros propios pensamientos para poder cambiarlos, si así lo deseamos. Y ojo: no te estoy diciendo que sea fácil. Yo vivo mis propias incoherencias con afán de aprendizaje. Y, como ser humano, quiero compartir mi experiencia para que tú puedas descubrir si algo de lo que voy a escribir ahora te resuena.

Ahí va.

El fracaso de las 5 a.m.

Después de leerme uno de los libros más vendidos de Robin Sharma, quise experimentar que se sentía cuando uno se levantaba a las cinco de la madrugada. Fracasé en el intento.

¿Razones? Podría argumentar diciendo que levantarse a altas horas de la madrugada es antinatural en un país mediterráneo, donde uno si pudiera desayunaría a las diez como temprano, almorzaría a las dos y media y cenaría a las diez. Y sí, sería verdad. Pero si además le sumas que me perdería todos los partidos de la Champions League, ni te cuento. Pero en realidad, toda esta argumentación es fruto del autoengaño. Aunque sea verdad. Sí. Pero estoy culpando a fuera de lo que yo no soy capaz de hacer por mi propia cuenta.  

Ir chutao no dura para siempre

Durante las primeras semanas donde luchaba para adquirir el hábito de levantarme a las cinco de la madrugada estaba tan motivao que me atrevía a todo. Pero la excitación bajaba a medida que pasaban los días. Ir chutao no dura para siempre y el camino para adquirir este hábito empezaba a hacerse cada vez más duro. Mi cuerpo estaba cansado y dormía poco porque no cogía la responsabilidad de ir a dormir temprano. Sentía el jet lag. Mareo. Malestar. Mal humor. Y cada vez me sentía más identificado con mi estado anímico.

Y la vocecita, siempre presente, no esperaba la oportunidad para volverme a recordar que debía volver a la cama, a descansar, a mi hábito natural. Que lo que estaba haciendo era antinatural. Y que estaba loco. En definitiva, que me dejara de gurús famosos por sus libros esotéricos. Y estos pensamientos me condujeron al día D. Ese día me tumbé… Y no me levanté.

Y la cagué.

Engañarse es cómodo y placentero a corto plazo, pero desapacible e inútil a largo plazo.

Engañarme a mí mismo es cómodo y placentero a corto plazo, pero desapacible e inútil a largo plazo.

La lección más importante del fracaso de las 5 a.m.

“No somos nuestros sentimientos. No somos nuestros estados de ánimo. Ni siquiera somos nuestros pensamientos. La autoconciencia nos permite distanciarnos y examinar incluso el modo en que nos «vemos».”

STEPHEN COVEY

Y fue allí donde descubrí que cuando uno se compromete debe hacerlo por valores. Y no en base a sus emociones.

Uno debe ser responsable de sus propios actos. En realidad, levantarse a las cinco de la madrugada no tenía una base sólida, porque en el momento en el que empecé a sentir dolor, me rendí. Ah. Y por cierto: si hubiese dormido ocho horas, muy probablemente no hubiera palmado tan rápido. Una de las causas de fracasar se debía a que no quise pagar el precio de irme a dormir a las nueve o diez de la noche para levantarme a las cinco de la madrugada. 

Levantarse a las 6 a.m. 

Ya hace unos días me prometí levantarme a las seis. Y ayer estuve a punto de volver a caer en la misma trampa. Eh. De verdad. Estuve a punto de volver a dejarme llevar por mi estado anímico. Me fue por los pelos. Menos mal que supe reaccionar a tiempo.

La rutina empezaba a las seis de la madrugada. El móvil-despertador sonaría dentro del armario. No había opción que no fuera levantarse. Después de lavarme la cara con agua fría, bebía un vaso de agua, me vestía para hacer ejercicio físico y después salía correr. Ay… Salir a correr.

El porqué de correr cada mañana

No es que piense en hacer cada día veinte kilómetros. Ni mucho menos. La idea es salir a correr todas las mañanas, coger el hábito y, con el tiempo, ir a más. Además, después de hacer deporte, y aún siendo las ocho de la mañana, tendría todo el día por delante con una energía vital de titán.

Y nada más lejos de la realidad. Qué bonito queda por escrito… ¡Y cuando te levantas a las seis, qué diferente lo ves! Madre del amor hermoso.

Uf, Uf, Uf.

Bien. Ahora ya estás en contexto. Te sigo explicando. Ayer, ya preparado para salir a correr, empecé a tambalearme en mi mente entre dos opciones… Una de ella era salir por la puerta de casa y la otra, pues bien… Era… Muy atractiva…

El proceso que sigo para engañarme es tan sutil como enfermizo.

El proceso que sigo para engañarme es tan sutil como enfermizo.

Ay, Ay, Ay.

Sabía que sobre las diez y algo nos íbamos a a la playa… Así que… ¿Para qué iba a ser necesario ir a correr? ¿Qué ganas de ir si después iba a estar muerto en la playa? Sería mejor quedarme en casa leyendo, en el sofá, de tranquis. Total. Por un día tampoco pasaría nada…

Y eso hice. Me fui al sofá y me puse a leer. Pero pronto sentí que algo no iba bien. Una especie de incoherencia desde lo más profundo de mí. Que… Que… No sé… ¿Seguro que estoy cumpliendo la promesa…? ¿ O solo a medias como los políticos? ¿Era irrefutable y demostrable que me estaba guiando por valores y no por emociones? ¿Estaba volviendo a engañarme?

Valores para no engañarme

Comprometerse. Este era el nombre del nuevo capítulo que estaba a punto de comenzar. Y allí tuve un clic, ¡menos mal! Lo que pasó con el nuevo capítulo fue pura comedia. Estaba leyendo un capítulo que hablaba sobre cómo mejorar mis propios compromisos y, precisamente por estar leyendo eso, estaba dejando de cumplir mi propio compromiso. Qué manera de engañarme. Y todo porque había sustituido los valores que debía seguir por una emoción repentina: la pereza.

Indignado con mi propia incoherencia, dejé el libro, me puse las deportivas, salí de casa y empecé a correr. No duré mucho corriendo, pero cuando volví, sabía que había salvado un match point. Me sentía orgulloso. Había estado a nada de cagarla. Pero esta vez tuve una chispa que me había salvado del desastre.

El significado de correr 

Y así fue cómo, finalmente, abrí el cofre  dónde tenía guardado el papelito dónde guardaba el para qué de correr cada mañana. Me sentí a salvo.

«Correr me da energía para poder contagiar mejor mi entusiasmo físicamente, emocionalmente y espiritualmente.»

RICARD IGLESIAS

¡Siuuuuuu! ¡Que sí! ¡Gracias! Por primera vez, había sabido cambiar el corto plazo placentero por el largo plazo duro e incómodo. Pero, como en todas las cosas realmente buenas, lo que al principio parece una condena finalmente se convierte en una bendición.


¿Te resuena algo de lo que me pasó? ¿Cuál es tu historia? ¿Alguna vez te has engañado a ti mismo? ¿En qué situaciones? ¡Me encantaría saber de ti!

Baja a los comentarios y estaré encantado de escucharte.

Para ver el anterior post que publiqué, click aquí.

Gracias por estar al otro lado,

 

Ricard

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