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Soltar a tu referente y dejar de idealizarlo

HOLA

Atrévete a soltar a tu referente. Suena fácil pero no lo es. Y sí. Se necesita muchísima humildad y honestidad con uno mismo para entrar en el mundo del autoconocimiento, pero todavía se necesita más valentía y confianza para salir de él.

Aprender a soltar como parte del camino

La idealización aparece cuando proyectamos en esa persona aquella idea perfecta que desearíamos construir en nosotros creyendo que, en su ausencia, seremos incapaces de ser felices. Es una ida de olla que solemos crear en nuestra mente todos aquellos que solemos pecar de exigencia con nosotros mismos y, por ende, con las demás personas.

Conozco pocas personas que no hayan entrado en el mundo del crecimiento personal por una saturación de sufrimiento y dolor. Al estar tan vulnerables, las personas que pecamos de perfeccionistas, acostumbramos a idealizar la persona que nos acompaña en nuestro proceso para salir del sufrimiento.

“La idealización aparece cuando proyectamos en esa persona aquella idea perfecta que desearíamos construir en nosotros creyendo que, en su ausencia, seremos incapaces de ser felices”

Borja Vilaseca, un buscador de la verdad

Sin ir más lejos, mi gran referente sigue siendo hoy en día Borja Vilaseca. Por su pegadizo tono de voz, por su valentía emprendedora, por sus mensajes provocadores, por su confianza en la vida y por su fe en lo más profundo de la humanidad, este gran escritor tocó mi alma en el momento más duro y complicado de mi vida.

Y reconozco que, por mi gran capacidad de mimetismo, incluso llegué a escuchar a más de una persona decirme que, en mis primeras conferencias, veían en mí al personaje público conocido como Borja Vilaseca. Se ve que mi tono de voz e incluso mis bromas arrastraban un deje suyo. Lejos de gustarme, me molestó bastante. Escuchar en boca ajena el “sé tu mismo” me removió los intestinos. Tuve que facilitar una falsa sonrisa al oyente, pero mis labios encubrían una disimulada tristeza. Estaba queriendo convertirme en mi referente.

Durante estos dos años y medio, he seguido día a día su vida profesional. De su boca escuché por primera vez frases como “no te creas nada, verifícalo” y “sé tu el cambio”. De sus experiencias compartidas en Madagascar aprendí el valor de adentrarme en lo desconocido, de ser un verdadero buscador y de cuestionar la seguridad preestablecida.

Un viaje al centro de uno mismo

De El Sinsentido Común– su libro favorito (y el mío también) – cuestioné mi statu quo mental, programado para seguir un rebaño gigantesco sin pastor.  De su mística experiencia con la herramienta milenaria llamada Eneagrama, descubrí que la herida y el puñal eran yo mismo. Causalidades de la vida, esta me diseñó para tener su mismo eneatipo principal, el uno, su mismo subtipo, el social, y su misma ala, la del mendigo emocional. Y, para reírnos ya del todo, nos van las ochas, tan viscerales por fuera como tiernas por dentro.

Fijaros si me metí a fondo con él que me leí sus cuatro libros, me releí El Sinsentido Común otra vez más, me sumergí en el viaje de La Akademia que fundó él mismo en Barcelona y acabé mi trayectoria haciendo su curso presencial de Coaching Mayeutik. Y todo esto sin mencionar que consumí absolutamente todas las grabaciones que fue colgando en YouTube desde 2013, llegando hasta saludarle personalmente en dos ocasiones en la mítica Casa del Libro en Rambla Catalunya, su particular espacio terapéutico en el que se desnuda frente a su audiencia.

“La religión de todos los seres humanos debería ser la de creer en sí mismos”

JIDDU KRISNAMURTI

Bien. Pues en mi primer artículo público, quiero agradecerle especialmente por su reincidencia en la esperanza de que algún día, seguidores de él, dejáramos de acudir a sus conferencias en busca de verdades que, al fin y al cabo, siguen estando dentro de nosotros.

Qué hacer para no aferrarse a una persona

No prometo no volver a escuchar un vídeo suyo, pues sus palabras resuenan con mi ser. Al fin y al cabo, sus palabras tampoco son suyas. La sabiduría es. Y a los que nos ha tocado el don de la comunicación, nos encargamos de poner palabras a sensaciones invisibles, inmateriales e intocables. Sin embargo, es responsabilidad de cada uno de nosotros la de aplicar y vivir mediante ella.

Me costaron muchas charlas de “Mata a tu gurú” y “Mata a tus padres” para comprender el significado metafórico que verdaderamente hoy, mientras escribo estas líneas, empiezo a sentir. Matar de manera metafórica a mis padres duele, pues en ellos me apoyé cuando más vulnerable era. Y ahora, con Borja, después de haberse aparecido en forma de libro en el momento más crítico de mi vida, empiezo a sentir claramente que ha llegado la hora de “matarlo”. De no hacerlo, me convertiría en su falsa copia, cosechando justamente lo contrario de lo que desea transmitirme con fervor.

A partir de hoy, me comprometo con dejar de escuchar sus vídeos. Y, vaya ya por adelantado, cuando llegue el día en que mis ganas de escucharle superen mi compromiso, procuraré hacerlo sin creerme la imagen idealizada que construí para evitar convertirme, finalmente, en mi propio referente.

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