Ojos que no ven

«¿Y yo qué hago aquí?», se siguió preguntando, cada vez más nervioso. Aquella rigidez no era buena conductora. A los pocos minutos, empezó a mover su pierna diestra frenéticamente. Estaba con mucha ansiedad. Y fue entonces. De golpe. Súbitamente. Las pulsaciones de Bruno se dispararon por encima de dos cientos. Su cara quedó pálida. Sus pelos, de punta. Sus manos, temblequeando. Sus piernas, bloqueadas por el miedo. Y sus pulmones, vacíos de aire. Bruno intentó desahogarse del sofoco retorciéndose de manera insólita. El joven iba perdiendo el mundo de vista, hiperventilando sin parar. Bruno colocó su mano izquierda en su pecho. Aterrorizado, al joven le empezaron a entrar náuseas en medio de la clase, mientras los alumnos continuaban en aquel estado colectivo de somnolencia. Y allí, en un último acto de supervivencia, Bruno se levantó, en un estado con poca visión, mareado ¡y aturdido, con la sensación de estar más cerca del desmayo que de la conciencia. Ya sin razonamiento, en un acto puramente instintivo, Bruno salió corriendo, llevándose por delante cualquier persona u objeto que limitara su paso hacia la puerta de salida. El joven, entre taquicardias, náuseas, mareos y tembleques, empujó la pesada puerta y pudo, por fin, volver a respirar. Apoyado en la barandilla, recuperó poco a poco el control de su cuerpo. Con la espalda inclinada hacia el suelo, empezó a respirar con más normalidad. Lentamente sus pulsaciones empezaron a disminuir. Bruno estaba fuera de peligro, pero había descubierto el infierno. No podía creérselo. No podía ser cierto. «¿Estoy loco? ¿Y ahora qué hago? Maldita sea. Joder. Que casi muero. Por favor. ¿Por qué no he podido controlar mi cuerpo?» Cuando Bruno tomó consciencia del infierno que acababa de sacudirlo, temió que los demás se hubieran dado cuenta de ello. «¿Qué van a pensar de mí? Estoy loco. Me daría miedo estar al lado de alguien como yo. Como se hayan enterado, pensarán que estoy enfermo. Es que esto es de psiquiatra. Necesito ayuda. ¿Cómo voy a explicarlo a mi madre? ¿Y a mi padre? ¿Qué ha pasado?

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