El director de pasiones

La Obertura 1812 

Después de subirse al taburete en casa de sus abuelos, el niño cogía la batuta – un palo de madera – y se esperaba, impacientemente, hasta que los abuelos le daban al botón «play» para que empezara la Obertura 1812 de Pyotr Ilyich Tchaikovsky.

— ¡Cariño! ¿Quieres ser director de orquestra?— Preguntó la madre, curiosa por saber qué respondería el niño.

— Sí… —Respondió el niño, tímidamente, entre los sonoros aplausos de sus abuelos.

Como cada sábado por la mañana, a la misma hora, Ricard dejaba lo que estuviera haciendo para pegarse delante del televisor. La pasión por las orquestras se debía al programa de TVE2 El Conciertazo. Aun con solo tener tres años, sus ilusionados ojos hacían pensar a su familia que estaban delante de un loco perdido por la música.

El pequeño director de orquestra

El pequeño director de orquestra.

La transformación del director

Sin embargo, esa curiosa pasión empezó a transformarse piano piano en la trompeta. Su abuela lo empezaba a llevar a la  Plaça de l’Ajuntament de Lloret de Mar. Los músicos afinaban sus instrumentos y Ricard estaba allí, con su trompeta, en primera fila, deseando que empezara la función. Su impaciencia e ilusión le llevaban a ponerse delante de los músicos – literalmente justo al lado del director de orquestra – y hacer sonar su maravillosa trompeta que le habían llevado los  Reyes MagosRicard, entusiasmado, soplaba la trompeta mientras  generaba el caos entre los miembros de la orquestra, despistándolos y volviendo loco al director de orquestra.

Pero el músico, director de orquestras y trompetista  fue cambiando de pasiones. Lo único que ahora le conecta con aquel entonces músico es el  himno de la Champions League, alzándose cada vez que suena, con la piel de gallina, esperando que algo mágico esté por pasar. Y en tal viaje por la infancia, Ricard descubrió la pasión por el fútbol de su abuelo convirtiéndose en un soñado comentarista de primera división. Pero a Ricard no solo le gustaba el fútbol… Pronto descubrió el baloncesto. Y quién le iba a decir que ese deporte se convertiría en su deporte favorito, tras siete años explorando, y que pronto soñaría con convertirse en el nuevo héroe del FCBarcelona, reemplazando a la leyenda Juan Carlos Navarro.

Por si había dudas, el director es culé.

El director es culé desde que salió del vientre de su madre.

Personajes escondidos

Y ahí no se quedaba la cosa. Qué va. Si solo era el comienzo. Ricard, con once años, se enganchó a un recién programa satírico llamado Polònia de TV3, aún en activo, donde los actores imitan a políticos. Así que mató dos pájaros de un solo tiro. Descubrió su talento por imitar voces y personajes y su curiosidad por la política catalana y española. Y pronto en el espectáculo de clausura del Hotel Selvamar  se metió entre pecho y espalda un  monólogo donde imitó, entre otros, a Matías Prats, Mariano Rajoy, Artur Mas, Ángel Acebes o José Luís Rodríguez Zapatero. Él y sus amigos empezaron a escribir en clase guiones de futuribles sketchs que iban a grabar. Había un cámara, un director de cine, actores y secundarios. También había quien quería estar en el staff en el departamento de maquillaje y peluquería. Vaya, que el tío se lo había montado increíblemente bien con sus amigos.

El niño imitador... En el programa Crackovia

El director también imita… En el programa Crackòvia (TV3).

Multipotencialidad

Y,  wait wait. Durante la ESO se enamoró por la filosofía de un joven entrenador llamado Pep Guardiola. Más allá de su fútbol. Se enamoró de sus palabras, de su convencimiento, de las masas de personas que se juntaron para ver arte en un campo de fútbol. Cada rueda de prensa de Pep era un nuevo aprendizaje de liderazgo. Y pronto se entusiasmó imaginando – viendo que como jugador de baloncesto no iba tan bien como hubiera deseado – que su destino era convertirse en entrenador de baloncesto. Los años pasaron y Ricard fue descubriendo el arte de aprender a vivir la vida según tus valores.

Esos valores le llevaron a entrenar equipos de baloncesto en Barcelona. No tardó demasiado en darse cuenta de que lo que le daba sentido a esa profesión amateur era los valores que les entregaba a sus niños, sus enseñanzas, y su manera de comunicar ayudó a convertir ese equipo en una familia. Según dice, jamás olvidará su primera temporada donde lágrimas, besos y abrazos culminaron una temporada de cambio en su vida. De lo que no se dio cuenta aquél invierno, ese chico espigado de dieciocho años, fue que mediante las crónicas de los partidos, consiguió unir a hijos, padres y club. Sin darse cuenta, había descubierto otra pasión: escribir.

El director convertido en entrenador

El director reconvertido en entrenador, en la UE Sant Andreu.

Sin límites

La psicología y la  pedagogía entraron en su vida una vez tomó probablemente la decisión más importante hasta el momento: dejar la carrera universitaria de Ciencias Políticas. Probablemente porque su pasión era inferior a lo que él se hubiera imaginado años atrás.  Su propósito no iba solo sobre comunicar, si no sobre emocionar, hacer vibrar y reflexionar sobre nuestro modus vivendi. Y no. No está cursando ningún grado universitario de psicología ni  de pedagogía. Ricard  jamás querrá ser  solamente el

Director de.

Entrenador de.

Escritor de.

O imitador de.

Quizá solo

lo sea todo.

 

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